En
esta ruta nos adentraremos en una pequeña garganta
en las estribaciones de la Sierra de la Paramera,
para compaginar en nuestra ruta la sensación de frescor
que proporciona el agua y la singularidad del paisaje
granítico. Nuestro camino de acceso hasta llegar al
lugar en el comienza la ruta parte de la carretera
Nacional 502 una vez atravesadas las localidades de
Solosancho y Robledillo si nos dirigimos desde Ávila
capital, tras dejar atrás el kilómetro 25 a escasos
2 km de Robledillo. Una vez aquí, poco antes de alcanzar
un pequeño collado sale en dirección sur una pequeña
pista en la que en sus inicios aconsejamos dejar nuestro
vehículo. En la primera parte del camino siempre en
ligera subida podremos ir contemplando al acercarnos
las primeras estribaciones de la Sierra de la Paramera
en el paraje denominado como la Umbría de Robledillo,
pues nos encontraremos siempre en una exposición en
la cara norte de estos relieves. Continuando por el
camino en poco más de un kilómetro llegaremos a un
portachuelo situado a casi 1300m de altitud en donde
tendremos unas excelentes vistas del paisaje circundante,
siendo un lugar idóneo para tirar una de las primeras
fotografías. Al sur divisaremos toda la inmensidad
del Valle Amblés, al oeste aparecerá como si tocáramos
la inmensa mole granítica de La Serrota, mientras
hacia el norte veremos como el relieve se va haciendo
más abrupto al irnos adentrando en la garganta. Poco
a poco iremos descendiendo por el camino, que antaño
en este punto se convertía en senda pero que hoy con
la llegada de los ruidosos, polvorientos (más aún
en verano) y destructivos quads, han hecho que su
anchura aumente si bien está bastante descarnado.
Es una pena que nuestra visita pueda quedar desvirtuada
por estos vehículos que solo pueden circular por pistas
con un trazado previamente definido. Al seguir por
el camino y tras dejar atrás una serie de recurvas,
podremos ver como el relieve se va haciendo más abrupto
apareciendo maravillosos berrocales en cuyas hendiduras
vemos que la encina (Quercus rotundifolia)
poco a poco se va regenerando, en lugares en los que
podría parecer casi imposible, por lo angosto, y donde
los nuevos retoños alcanzan alturas de hasta tres
metros. Su presencia se debe a una serie de factores
como son la escorrentía superficial provocada por
el agua de las precipitaciones que hace que se acumule
la misma en pequeñas oquedades, humedeciendo el suelo
y la menor presencia ganadera en la zona. Pero lo
que más llama la atención es como habrán podido llegar
hasta aquí las bellotas para que crezcan estas encinas.
La solución es clara, el viento y sobre todo la fauna,
aves y algunos mamíferos, habrán sido los culpables
de que mediante los procesos conocidos como anemocoria
y zoocoria en estos terrenos y en estas condiciones
podamos tener encinas, en las que en ocasiones también
acompaña algún que otro roble melojo (Quercus
pyrenaica). Junto a esta vegetación arbórea también
podremos contemplar otros ejemplares de talla arbustiva.
Entre estas especies destacaremos a la Genista cinerea
subsp cinerascens, al piorno serrano (Cytisus
oromediterraneus), al enebro rastrero (Juniperus
communis subsp nana), al escaso brezo blanco (Erica
arborea), a la jara (Cistus laurifolius)
a la dedalera o digital (Digitalis purpurea subsp
carpetana), o a las labiadas como el cantueso
(Lavandula stoechas subsp pedunculata), la
botonera (Santolina rosmarinifolia) o diversas
variedades de tomillo. Además dentro de las herbáceas
destacaremos la presencia de los berceales de Stipa
gigantea típica de espacios algo deforestados con
presencia de pequeños afloramientos rocosos y de ambientes
de precipitaciones no muy abundantes. Pero estas no
serán las únicas especies vegetales presentes pues
continuando por nuestro camino llegaremos al lugar
en el que se produce la confluencia del arroyo de
los Picos que nace hacia el este a 1500 m de altura
y el de los Arroyuelos que es el que aporta un mayor
caudal, que baja en dirección norte, para desembocar
ambos tras pasar por un pequeño lugar de baño de la
Hija de Dios en el río Adaja. Este lugar en el que
se juntan los dos arroyos será el sitio idóneo para
refrescarnos, reponer fuerzas, descansar o simplemente
disfrutar del silencio y aire puro que aquí se respira
a la sombra que proporcionan los chopos (Populus
sp), sauces (Salix sp) y fresnos (Fraxinius
angustifolia). Esta presencia hizo que aquí se
localizasen un par de antiguos molinos. Pero no solo
la vegetación o el relieve serán elementos destacados,
también lo serán las diferentes especies faunísticas
presentes, destacando entre las aves la collalba gris
(Oenanthe oenanthe), el escribano montesino
(Emberiza cia), la tarabilla común (Saxícola
torcuata) o el alcaudón común (Lanius senador)
junto a pedreras o matorrales, el mirlo común (Turdus
merula), el carbonero común, el verdecillo (Serinus
serinus) la lavandera blanca (Motacilla alba),
al mito (Aegithalus caudatus) o al ruiseñor
común (Luscinia megarhynchos) en las riberas,
a los que se unen sobrevolando los cielos rapaces
como el buitre leonado (Gyps fulvus). De
los mamíferos destacaremos al zorro (Vulpes vulpes)
o algún mustélido. En el punto de encuentro de las
aguas podría concluir esta ruta cuya distancia entre
ida y vuelta ascendería a 5km con una duración de
1,30 horas. Como opción para gente con mayor resistencia
física o simplemente para aquellos a los que el recorrido
les halla sabido a poco proponemos ascender por el
curso del arroyo de los arroyuelos en dirección sur
o bien por el arroyo de los picos hasta su nacimiento,
en un rellano próximo desde el que queda muy próximo
la garganta honda por donde podríamos descender llegando
hasta las proximidades de Villaviciosa, desde donde
un camino a los pies de la umbría de Robledillo nos
conduce hasta el pueblo del mismo nombre para dirigirnos
desde allí hasta lugar de inicio de nuestra ruta.
Esta caminata supera los 10km y serán necesarias de
3 a 4 horas para realizarla. |